07 marzo 2008

Sólo las gatas son tricolores

[Este post es sobre lengua, no sobre gatos, paciencia].

Hace tiempo que vengo observando que la señorita de la foto (estudiando de cerca mi escáner y mi lámpara auténtica de plástico de Ikea) maullaba de forma sensiblemente diferente al resto de la panda de gatos del barrio.
Nos hemos resistido siempre a adoptarla como mascota por diversas razones y porque el entorno donde está (vivo frente al mar y junto al campo) es mejor que las paredes de una casa.
No obstante, desde el principio "Michimí" (ni siquiera es un nombre, más bien una denominación genérica) se ha obstinado en lo contrario: entra en casa, salta al regazo en cuanto te sientas, se mete en el coche... La dejamos estar en la terraza y no se mueve de ahí casi en todo el día. No pide comida (tiene de sobra), no pide cobijo (tiene una confortable lounge desde hace meses).
Desde que empezó a aprender a hablar, parece claro que lo que realmente pretende es ser un cachorro humano.
Que los gatos hablan no es ninguna novedad (lo saben quienes han tenido uno), así que en este caso me he detenido más bien a intentar interpretar su lenguaje.
Lo primero que un gato hablador detecta, es que los seres humanos tenemos un maullido especial y, sobre todo, entonado. "Michi" pasa horas atenta a estas variaciones tonales (supongo que eso la hace acreedora de entrar en el grupo de estudiantes de idiomas como el chino) y ha extraído su propio lenguaje a base de imitar las líneas melódicas que percibe en nuestras frases.
Esta imitación la acercó considerablemente a nuestra forma de entender su lenguaje, así que su segundo paso fue medir la longitud de las frases. De esta manera, ha aprendido a entremezclar en su discurso sonidos cortos sostenidos dentro de ciertos segmentos con diferentes tipos de entonación.
Actualmente, únicamente mediante la utilización de significantes (la "huella sonora" saussureana) y sin la ayuda de referentes inmediatos, puedo distinguir si "Michimí" pide agua, leche, comida (es interesante anotar que tiene dos "palabras" diferentes para distinguir entre dos tipos de comida) o compañía.
Ya tuve una vez un gato (este sí que vivía en casa) con el mismo comportamiento (hay que decir que no todos los que he conocido demostraban esta inclinación al esfuerzo comunicativo con humanos) y que ideó una secuencia fónica especial para decir "mosca" o cualquier otro insecto, siempre que fuese volador, pero su corpus lingüístico dejó de aumentar en cuanto aprendió a "decir" las cuatro o cinco cosas que le interesaban. Con esta, sin embargo, tengo la impresión, de que la cosa va para largo.
Quién sabe, puede que algún día la ayude a convertirse en una gata podcastelera.

1 comentario:

Silvia dijo...

pues mi gata me va a quitar mi puesto de profe, porque le encanta el portátil y mis libros de español...creo que me está superando profesionalmente...
Saluditos